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chapter 64

Author: BN001
last update publish date: 2023-12-02 07:20:09

Los niños lo miraron intensamente, el primero en hablar fue Camillo—Mami, Papi, ¿Qué están haciendo? —preguntó.

—Estábamos dormidos descansando—dijo Anabella nerviosa.

—¿Y por qué no están vestidos? —Preguntó Taddeo con curiosidad.

Anabella y Sebastián se miraron apenados, hasta que Sebastián respondió—Teníamos mucho calor.

—No entiendo, está casa tiene un buen sistema de aire acondocionado, pero si ustedes lo dicen—manifestó extrañado Taddeo en un tono de incredulidad y siguió hablando—Tenemos hambre y no hay personal de servicio.

—Es cierto, yo les di el día libre porque quería que estuviéramos sólo nosotros cuatro. Vamos a hacer algo, espérennos en la cocina mientras nosotros nos vestimos. ¿Les parece? —interrogó Sebastián.

—Muy bien padre, pero no se tarden, por favor—le respondió Taddeo.

Los niños salieron e inmediatamente ellos empezaron a besarse, no podían estar separados, no perdían oportunidad de demostrarse cuanto se amaban, hasta que Anabella le dijo—Amor vamos a darnos prisa en vestirnos, porque los niños van a volver a subir.

—Quiero hacerte el amor nuevamente, ven vamos a bañarnos juntos— y así llevó a Anabella al baño, donde nuevamente desataron su deseo y pasión por el otro. 

Luego de unos veinte minutos salieron, se vistieron rápidamente y bajaron donde los niños.

—Ya íbamos a subir, para ver el porqué tardaban—dijo Taddeo un poco irritado.

—Si, estamos hambrientos, a punto de desmayarnos— manifestó enojado Camillo.

—Tranquilos. Voy a cocinarles una pasta a la carbonara, en veinticinco minutos estarán comiendo —expresó Sebastián sonriente.

—Amor ¿En qué te ayudo? —Preguntó Anabella.

—Tú mi vida te sientas aquí, tranquilita a esperar que esté la comida lista, porque eres la reina de mi corazón y de ésta casa y tus tres hombres van a cocinar para ti—manifestó tomándola de la cintura, alzándola y dándole un beso en la nariz.

—Padre, ¿Pueden dejar de hacer eso? no te entretengas con madre, cocina pronto por favor, estamos hambrientos—lo reprendió Taddeo.

—Está bien ya. Ahora nuestros hijos nos gobiernan. Bueno para agilizar todo el proceso, Taddeo y Camillo, por favor saquen la tocineta, la cebolla, la crema de leche, dos dientes de ajo, el queso parmesano y yo busco los huevos, el aceite de oliva, sal, pimienta y la pasta—. Una vez que tenía los ingredientes a la mano, cortó con pericia en pequeños trozos la cebolla, el tocino, mientras todos lo observaban y empezó a preparar el plato. Luego de veinticinco minutos estuvo todo preparado, les sirvió la pasta con una gaseosa.

—No deberíamos tomar gaseosa—afirmó Anabella.

—Amor, me encanta comer pasta con gaseosa, si no es así siento que no está completa—le dijo Sebastián con una sonrisa. Comieron, mientras hablaban y chisteaban, tanto Taddeo y Camillo hablaban de sus anécdotas en clase y de lo que había vivido mientras su madre no estuvo. Que su papá habia aprendido a cocinar por ellos, pero que primero los tacos le salían horribles, mientras e se carcajeaban burlándose, Sebastián veía a Anabella con ternura, estaba contenta de tenerla, su familia era lo más grande que tenía. Mientras comían, le tomaba la mano y le daba besos en el dorso. Se veían todos relajados, eran una familia feliz.

Así pasaron los días, pudieron dar con los autores materiales del secuestro de Taddeo, gracias a que el niño logró idenficarlos,  ellos confirmaron que el autor intelectual, había sido Leónidas, sin embargo, no liberaron al niño antes, porque estaban esperando instrucciones que no llegaron, luego, el niño se les enfermó y cuando lo vieron desmejorado decidieron dejarlo en el hospital, asustados de que el niño pudiera morir.

Sebastián por su parte, se desvivía por complacer a Anabella y a los niños, a pesar que era a él, a quien le estaban dando los síntomas del embarazo y pese a sus múltiples ocupaciones con la fábrica de vehículos, los hoteles, fábrica de alimentos, y el resto de las empresas familiares, sin importale el trabajo arduo, les dedicaba tiempo, llegaba temprano a casa. Los invitaba a comer, a veces iban ellos sólos y otras en familia, visitaban zoológicos, paseaban los fines de semanas. Así pasaron un par de meses. Él era insaciable, no se cansaba de hacerle el amor a su esposa y decirle cuanto la amaba, ya solo quedaban dos meses para celebrar la boda eclesiástica.

Habían contratado los servicios de una organizadora de bodas, para evitarle estrés a Anabella.

La relación de Anabella con Alicia había mejorado mucho, pues ésta veía que Sebastián la hacía feliz, y eso la contentaba, aunque le preocupaba un poco que su hija recuperara la memoria y se enojara por no haberle dicho la verdad, pero también pensaba que lo había intentado y ella no quiso oírla y bueno ahora estaban esperando otro bebé y no valía la pena oponerse cuando ese hombre besaba el suelo que Bella pisaba, prácticamente él era macilla en sus manos. 

Ella le permitió ayudarla a escoger el vestido de novia junto con su amiga Sophía, aunque Sebastián no las dejó acudir a los talleres de las mejores casas de moda italiana, sino que los llevó a su mansión, ella escogió entre marcas reconocidas, un hermoso vestido color beige, estilo princesa, con un original escote asimétrico, cola corta, sin manga, elaborado en tafetán y organza, con pequeños diamantes incrustados en la parte superior, muy elegante y favorecedor, el cual simulaba la curva de su vientre y le permitía exhibir una silueta fina, diseñado por la casa Prada.

Transcurrió el tiempo y faltando sólo dos semanas para la boda, los preparativos iban muy bien, se celebraría en la mansión de Sebastián, ya se habían enviado las invitaciones, se eligió el catering, el menú, los camareros, el DJ, la música,  las flores, las mesas, su organización, los centros de mesa, las sillas, la cubertería, vajilla  y toda la decoración de la fiesta, los zapatos, la ropa del cortejo nupcial, los anillos de boda. Todos los detalles estaban afinados.

Por su parte, la pareja seguía disfrutando de su mutua compañía, salían solos, en familia y en pareja con sus amigos Nick y Sophía, en una de esas salidas estaban comiendo en un lujoso restaurant romano y conversando animadamente, cuando apareció Fernando Alonso Castañeda y se acercó a la mesa.

—¡Vaya! Que grata sorpresa Anabella, estás más bella que nunca. Aunque no es nada grato verte en la compañía de éste imbécil, no puedo creerlo—dijo con sorna.

—Pues, ten la seguridad que para nosotros no es nada grato encontrarnos contigo—espetó Sebastián apretando los puños.

—No hables por Bella, tal vez tú no te alegras de verme, tampoco entiendo cómo pudo volver contigo después de lo patán que te comportaste, aunque el corazón de ella es muy noble, mi peor error fue haberme alejado de ella y de los gemelos, pero estoy seguro que Bella no me guarda rencor ¿Verdad princesa? —le preguntó tomándola de la mano y besándola—.

—Hazme el favor de soltar a mi esposa inmediatamente, déjala en paz—dijo Sebastián apenas conteniendo su rabia.

—En dado caso quien debe decirme que la suelte y la deje en paz es ella ¿Verdad mi Bella? —preguntó Fernando.

Bella estaba con una expresión confundida por lo que respondió—Discúlpame, no sé quién eres, no recuerdo haberte visto. Es que lamentablemente perdí la memoria y sólo recuerdo los últimos treinta meses de mi vida y los primeros dieciocho años, pero los años desde mi embarazo hasta la fecha del accidente, mis recuerdos son limitados.

Fernando se quedó mirándola y preguntó—¿Realmente no recuerdas nada de tu pasado? ¿De cuándo nos conocimos? ¿Cuándo nos fuimos a vivir a Vernazza? ¿Cuándo fuimos amantes? —concluyó con una sonrisa de burla.

Sebastián no pudo soportar más su cara de burla y se levantó y lo tomó por el cuello diciéndole —¡Cállate maldito infeliz! Nunca fuiste amante de mi esposa, las ganas no te faltaban pero ella siempre te rechazó porque me amaba a mi. —y lo soltó  haciéndole perder el equilibrio.

Pero eso no impidió que Fernando siguiera destilando su veneno—¿Estás seguro Sebastián que no fuimos amantes? ¿Te recuerdo que nos viste en el Restaurant cuando nos besábamos?¿Y no te recuerdas cuando fuiste a la casa dos días después que estuviste con ella y nos encontraste juntos en su cama? ¿Quién te dice que ese día no la hice mía?— espetó con burla.

—Tú fuiste quien la besó. Ella te rechazó, y si estaban juntos en la cama ese día pero no estaban haciendo nada, sólo la consolabas porque Bella estaba triste por mí. Así que no quieras venir a crear cizaña en nuestra relación, porque nos amamos y confiamos plenamente uno en el otro.

—¿En serio? ¿Bella recuerdas lo que te hizo Sebastián? —ella lo miró interrogante—claro que no recuerdas nada, por eso estás con él, sin importar que haya sido un hombre despreciable.

Sebastián no aguantó más y le propinó un par de puñetes en el rostro con toda su fuerza e iba a seguir golpeándolo pero se metió Nick a separarlos y le dijo a Fernando—Creo que es mejor que te vayas, viniste con muy malas intenciones, buscando pleitos. Por favor ten la bondad de retirarte de nuestra mesa.

—Está bien me iré, pero recuerda Anabella éste hombre no es lo que parece, el fue ruin contigo, no le importó dejarte embarazada con unos gemelos y despotricó de ellos y de ti. Yo fui quien te apoyó y te recogió porque él fue un infeliz. Pregunta a cualquiera, no te miento—concluyó retirándose, pero dejando en ella sembrada la cizaña.

—Sebastián ¿Qué hay de cierto en lo que dijo ese hombre?—preguntó con los dientes apretados—¡Habla! Por él fue que te molestaste cuando llegamos a Roma. Dime Ferrari ¿Qué ocultas? Porque a mí me parece extraño que no aparezcas en ningunos de mis recuerdos, me recordé de mamá, de Giovanni, de los niños hasta de Amine me han llegado recuerdos y de ti solo recuerdo cuando era una niña, en mi adolescencia y el momento en que hicimos el amor por primera vez, ¿Por qué no lo logró recordar nada de ti después de eso Sebastián? ¿Dime que me hiciste para que mi mente suprimiera esos recuerdos? —le preguntó enojada.

—Amor, no recordemos el pasado, importa el aquí y el ahora, los errores del pasado quedan haya, nuestro presente y nuestro futuro es juntos con nuestros pequeños porque nos amamos, por favor no dejes que nos enturbien nuestra felicidad—se acercó más a ella y terminó abrazándola y besándola con una necesidad desbordante como si nunca quisiera separarse.

Luego del incidente concluyeron la velada pero la tensión se respiraba en el ambiente. Cada pareja se fue en su propio carro y Bella le preguntó—¿Tú me amas Sebas?

—Sabes que si, con toda mi vida amor—respondio con ternura. 

—Entonces cuéntame lo que pasó entre nosotros. Sé que escondes algo, ¿Dime que me estás ocultando? Ahora entiendo muchas cosas, por eso mi mamá se oponía a nuestro matrimonio, Taddeo habló que no estuviste con nosotros cuando ellos estaban pequeños, y tu reconociste a los niños después de mi supuesta muerte ¿Por qué lo  hiciste? Además Leónidas dijo que nuestra relación no era buena, Amine y Giovanni, se hacen los que no saben para que no les pregunte. Odio la mentira, te doy la oportunidad que me cuentes por ti mismo, porque si lo descubro yo, no garantizo que soporte la situación.

Él con mirada triste le fijo—Está bien amor, pero necesito ir a una heladería a comerme un helado y allí te cuento, —expresó nervioso—me vas a escuchar, pero cuando oigas, por favor no vayas a dejarme, no voy a poder vivir sin ti Anabella —le dijo tomándola de la mano— los peores momentos de mi existencia fueron cuando te creí muerta. Por favor no olvides en ningún momento que te amo profundamente y estoy arrepentido de mis errores, por eso quiero que me perdones y sigamos adelante—.Terminó exponiendo.

—Lo grave de todo esto, es que si ese tipo no llega diciendo esas barbaridades, que ahora parecen ser ciertas, tú no estarías dispuesto a contarme todo y yo viviría inocente, sumida en la completa ignorancia.

Llegaron a la heladería últimamente Sebastián había comido muchos helados, de fresa un sabor que regularmente no era de sus preferidos y lo peor acompañado con pepinillos y siempre le provocaba en las noches o en horas de la madrugada, luego de comerlos iba directo a vomitar, mientras que a Bella no le había dado ningún antojo, en otras palabras todos los síntomas del embarazo los estaba padeciendo él y lo más extraño es que Anabella tenía casi seis meses y los síntomas no desaparecían de Sebastián.

Pidieron los helados y como esa era la heladería donde venían a comer regularmente, les sirvieron un plato de pepinillos que él empezó a saborear y cerrando los ojos dijo en voz ronca—Wow, después de hacer el amor contigo, comer helado de fresa con pepinillo es lo mejor del mundo. 

—Es horrible ese antojo que tienes—expresó con una mueca de asco—Pero no me distraigas de lo que quiero saber. No vas hacerte el desentendido. Vamos Sebastián cuéntame, estoy esperando.

Sebastián suspiró profundo y empezó a hablar—¿Qué quieres que te diga Anabella?, es cierto, fui un patán contigo, un día antes de que cumplieras tus dieciocho años, llegué a la casa de Palermo con unos amigos y amigas, incluyendo a mi amante de turno, te invité a bañarte en la piscina y a jugar voleyball, pero lo hice previa apuesta con mis amigos dentro de ello Fernando, que en menos de veinticuatro horas te tenía en mi cama. Las mujeres perdieron y yo te hice pagarme un premio que fue un beso, el cual te di con toda mi pasión, te asustaste y saliste corriendo a tu habitación, en la noche me aparecí allí me abriste la puerta y la pasión nos envolvió, fue la mejor noche de mi vida, ese día me di cuenta que te amaba, pero me sentí culpable porque mi intención no era enamorarme de ti sino vengarme de tu madre y de mi padre usándote—Terminó suspirando.

Anabella estaba sorprendida no podía creer lo que oía, se sentía abrumada por la noticia y titubeante le preguntó—¿Por qué querías vengarte de ellos? No entiendo.

—Mi madre me dijo que tu madre y mi padre eran amantes, y eso la hizo sufrir y consumirse en el dolor. Yo pensé que era cierto y desde que mi madre murió, viví para vengarme de ellos, quise hacerles daño burlándome de ti, tiempo después mi padre me contó la verdad. Te trate muy mal, luego de estar juntos, te desprecié, humillé y me alejé de ti. 

« Dos días después fui a verte para disculparme y al subir me di cuenta que estabas en tu cama con Fernando, sólo estaban acostados vestidos, pero en ese momento no lo vi así, él besaba tu cabeza consolándote, yo mal interpreté todo por los celos y pensé que estabas con él, me fui molesto sin decirte nada y de allí empecé a despreciarte e insultarte cada vez que te veía... 

» Producto de la noche que vivimos juntos quedaste embarazada y viniste a la mansión aquí en Roma a decírmelo, no te creí y me dediqué a humillarte y a decir que eras una cualquiera, interesada que ibas tras mi dinero, te acusé de ser igual a tu madre y que esos bastardos no eran míos, tú te alejaste de mi, nunca intenté ver a los gemelos,  ni contactarte hasta que te vi un día antes del accidente, fui a una exposición de la famosa pintora Anna Ferrestra, no sabía que eras ella, te ofendí, empecé a burlarme de que en la exposición no había ni un sólo cuadro  tuyo, porque eras una mal artista, hasta que Leónidas me dijo que eras la famosa pintora, que usabas ese seudónimo para pintar, y yo era uno de tus más fervientes admiradores sin saber que eras tú Bella...

» Ese día me corriste de la exposición y me vine a mi casa, a tomar y divertirme como solía hacerlo, ese otro día en la mañana me enteré del accidente que me abrió los ojos, cambio mi vida y desató los peores sentimientos de remordimientos que alguien pueda tener.

Anabella estaba en shock, no podía creer, lo que le estaba contando Sebastián, todo había sido un vil engaño, la sangre bullía en su interior, él intento tocarla pero  ella se la quitó despectivamente diciendo —¡No me toques! Con razón mi madre no quería que nos casáramos, me estaba protegiendo, y todos han tenido razón hasta Leónidas, el tal Fernando, hasta Taddeo lo insinuó de que no estaban con nosotros cuando eran pequeños. ¡Eres un desgraciado! ¡Miserable!—Y tomando el helado se lo tiró en la cabeza a Sebastián y salió de la heladería con premura, él la siguió, afuera caía una torrencial lluvia, la tomó por el brazo y ella se soltó mientras le decia—Todo ésta vida que creaste ha sido un engaño, nunca me has amado, te aprovechaste de mi amnesia para burlarte de mi, si ese hombre no aparece nunca me lo hubieses contado. ¡Por Dios! ¿Qué clase de hombre eres? Un maldito manipulador.

—Por Dios Bella, claro que no. ¡Escúchame! Yo siempre te he amado, sólo que mis deseos de venganza no me permitieron verlo en ese momento—le explicaba en tono desgarrado— Pero en algo tienes razón, no voy a seguir mintiéndote, vi en la amnesia la oportunidad de acercarme a ti y demostrarte mi amor, porque si no hubiese pasado eso, creo que jamás me hubieses perdonado. ¿O no has sido feliz el tiempo que hemos estado juntos?

—Si he sido feliz. Pero ¿quién te dijo que ahora si voy a perdonarte por lo que me hiciste? —Preguntó gritando, mientras sus lágrimas se confundía con las gotas de lluvias que los tenía empapados.

Sebastián se inclinó y le confesó una vez más—Te amo Anabella, eres lo más importante de mi vida, eres mi luz en una noche oscura, eres el sol en mis días nublados, eres mi fuerza cuando me siento débil, eres mi inspiración cuando se agotan mis ideas, lo eres todo Anabella, sin ti estoy perdido, eres el motor que mueve mi vida, el impulso que me dice que no me detenga, eres mi hogar, lo eres todo—Le habló en tono desesperado.

—En cambio yo, no sé quién eres para mí. Quiero alejarme de ti. No te creo que no hayas podido encontrar un momento, en todo éste tiempo para decirme la verdad. Me voy a casa a buscar a mis hijos y mis cosas, pero no quiero que estés allí, no te quiero cerca mientras proceso todo esto. Por  favor Sebastián, ¡aléjate de mi!, necesito tiempo para pensar—le explicó mientras continuó su camino.

Sebastián la siguió, —Amor no me alejes de ti, me prometiste que no me apartarías de ti, ¡Te amo Bella!, por favor perdóname— suplicó mientras se arrodillaba frente a ella y la abrazaba con fuerza.

Ella le soltó  la mano que se mantenían en su cintura despectivamente, diciéndole—Mejor no sigas, no te garantizo que me quede contigo o que me vaya, sólo quiero pensar lejos de ti, no me lo hagas más difícil —Y empezó a alejarse.

—Anabella, no es bueno que te vayas sola a esta hora a tomar un taxi, ve en mi carro, por favor acéptalo, ve a casa, no te molestaré—le indicó levantándose y extendiéndole las llaves del auto.

—¿Y tu como vas a regresar? ¿Dónde pasarás la noche? —le preguntó.

—No te preocupes por mí. Tengo varios apartamentos aquí en Roma—respondió Sebastián.

—¿Allí te ves con tus amantes? —interrogó en tono de burla.

—Te juro por mis hijos que desde el día de tu accidente no tengo amantes. En estos treinta meses he tenido una sola amante, tú, mi mujer, mi esposa, mi amor. —le explicó con vehemencia.

—Entiendo—expresó escuetamente, caminando hacia el auto. 

Sebastián se quedó observándola mientras subía al auto y se alejaba. Sintió náuseas y entró nuevamente a la heladería para ir al baño; luego de devolver todo lo que había comido, se enjuagó la boca en el lavamanos y se echo agua en la cara, pasó sus manos por la cabeza mientras se decía mirándose al espejo—¡No puedo perderla! no puedo perder a mi esposa, no puedo volver a separarme de mis hijos. ¡Dios! No sé qué debo hacer. Preferiría morirme que perderlos otra vez—pronunció mientras las lágrimas comenzaban a surcar su rostro.

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