Cuando Moisés Linares bajó de la cama, ella ya había despertado.
- Nuria...yo...- Tirso Luján se asustó porque no era su intención de...
- ¡No te acerques a ella! – Moisés pegó otro puño en la cara de Tirso y lo miraba fijamente con amenaza.
- Nuria, vuelve conmigo. – Tirso arrugó el entrecejo, pero sus palabras eran incuestionables.
- ¿Qué? – Nuria Gutiérrez rio y dio un paso para adelante apoyando el marco de la puerta. – Señor Luján, dímelo, entre tú y yo, ¿quién es la persona más tonta? Estabas aprovechando que no me acordaba de nada para humillar y lastimarme, ¿de verdad crees que soy tan vulnerable y sumisa?
Tirso apretó las dos manos poco a poco y se echó para atrás lentamente mirando los ojos de Nuria en los que se notaba solamente la frialdad.
Era cierto, se acordó de todo y ya no fue la tonta de antes que siempre le obedecía.
- La Nuria de antes ya murió por haberse tirado de un puente. Señor Luján, a partir de este momento espero que seamos desconocidos. No te provocaré y no me molestes. Por favor, vigila bien a tu prometida Lola Chicote, no quiero que seamos enemigos.
Cada palabra de aviso mostraba la totalidad de amenaza.
Nuria Gutiérrez no perdonaría nunca jamás a los que le hicieron daño.
- Nuri, Lola...está muy mimada, como una niña pequeña, por favor, no... - Tirso la estaba defendiendo sin darse cuenta.
- ¡Tirso Luján! – Nuria perdió un poco el control, gritó fuerte templando el cuerpo: - ¡Vete a la mi*rda!
Tirso apretó las manos con más fuerza todavía pensando...¿si se había pasado de raya cuando ella todavía estaba con él en su villa?
- Nuri. – Moisés la abrazó rápidamente y le acariciaba los hombros: - No te enfades. Te subirá la presión.
Sin embargo, las lágrimas estaban a punto de salir de sus ojos. Debería haber dejado y olvidado toda esta huelvada con ese maldito hombre, pero, por qué se sentía aún celosa...
El bebé había sido de él.
Pero ¿por qué podía seguir defendiendo a Lola de esa forma como si no hubiera pasado nada?
- Tus ojos... - Al notar algo raro, Tirso preguntó con una voz ronca.
- Vete de aquí, no quiero verte. ¡Vete! – Nuria estalló en llanto, levantó una mano para tapar la boca, - Moisés, no quiero verlo, no quiero...
- Vámonos.
Moisés le quitó las lágrimas de la cara con mucho cariño, la metió en sus brazos y dio la vuelta para subir arriba junto con ella.
- Señor mayordomo, sácalo de aquí.
- La señorita Gutiérrez tuvo un accidente de coche hace un año. No se operó del cerebro a tiempo, eso le causó una pérdida temporal de vista porque la equimosis estaba oprimiendo los nervios oculares – el mayordomo dijo a Tirso y levantó una mano con cortesía para que se vaya. – Al señorito no le gusta que esté aquí y la señorita Gutiérrez tampoco quiere irse con usted. Por favor, no nos ponga en situación difícil.
- Si se opera ahora... ¿aún se puede curar? – Tirso crujió los dedos. Era la primera vez que se arrepentía de lo que había hecho a Nuria.
A lo mejor fue porque así éramos todos: apreciábamos más una cosa después de perderla, pero Nuria...
Tenía demasiada confianza para creer que ella nunca se iría, no importaba cómo de malo era.
- La señorita Gutiérrez rechazó la operación. Se tardó mucho tiempo y ahora hay mucho riesgo. Si pasa algo...nadie podrá asumir la responsabilidad.
Tirso encendió un cigarrillo y miró hacia arriba.
Antes, Nuria siempre lo esperaba al lado de la ventana para mirarle irse o volver a casa.
En aquel entonces, Tirso nunca lo apreció ni siquiera pensó en ello.
Pero desde que Nuria no le perteneció a él, la sensación que tenía era como un cuchillo que le cortó el corazón.
“Ring.” Sonó su móvil.
- Dime, Lola.
- Tirso, soy la madre de Lola. ¡Vente rápido al Hospital Central de Santa Cruz! Lola no podía aguantar todo esto. ¡Intentó a suicidarse!